domingo, 29 de marzo de 2015

Reducidos

NOVENOVE.CO

Saber lo que pasa y no decir nada mientras viajamos para buscar mundos mejores. Entender que este es nuestro territorio, proyectos en común donde queremos dejar de quejarnos y empezar a ver. 

GUERRA VERDE

Esta historia es la de un niño negociante campesino llamado zar. Niño que tenia un duende hecho de esmeraldas, niño que cargaba con la muerte de muchos, el llanto de otros, el odio de algunos. 
Exploraba bajo la tierra, sabia que las gemas debían ver la luz y con esa luz él vería el cielo. Un cielo en vida donde más de cien hombres lo protegían. Un cielo en vida donde logró tener el 1 % del territorio nacional y más de dos millones de reses. 
La suerte le mostraba las gemas, también le indicaba a que lado hacerse para evitar las balas, las granadas y los fusiles. Le indicaba con quien negociar: políticos, paras, y hasta presidentes. Pero no pudo esconder los seis mil muertos que dejó esa guerra, guerra que tendrá otro líder, otros hombres avaros que encuentren gemas mientras caminan, y duerman tranquilos escondiendo sus muertos.




DESAPARICIONES

¿Qué le pasa al mundo? ¿a todos nosotros que decimos amar? ¿Dónde están todos los cuerpos que algunos lloran? ¿Cómo saber si siguen respirando? ¿Si parpadean o palpitan? 
Esta historia es la de miles 31.000 si se puede ser exactos. 31.000 personas reportadas por desaparición forzada, desaparición violenta: sepultados, arrojados, desmembrados o quemados, cuerpos sin reconocimiento ni lamento. 
¿Quién desaparece a quién? ¿Por qué somos capaces de elegir por la vida de alguien más? Un alguien que ya no respira.
¿Y los victimarios? Somos todos los que no los vemos. Y somos todos porque los desaparecidos no se ven, son cuerpos que no están, y como no están es difícil contarlos. Hay que imaginar estadios, imaginar festivales de música, imaginar momentos donde seamos uno de esos 31.000. Pero esos lamentos se disuelven con el tiempo, y los cuerpos nunca los veremos porque ya no están.

ORO

Rocas, montañas y frailejones, acompañados por una laguna verde azul transparente. También por el hueco que muestra capa a capa los colores de la tierra, hueco que deja en evidencia los diez años de explotación minera.
Esta es la historia de un lugar, tierra santandereana pero también es la historia de esos 2.5 millones que quedaran sin agua si se sigue con la búsqueda del oro. Es la historia de pez que quedara contaminado por las 1.200 toneladas de cianuro que se necesitan mensualmente para extraer la piedra preciosa. De la niña que comerá aquel pescado. De las promesas que nos hacen y lo fácil que nos vendemos. El oro deslumbra en primeras instancias.

Sabemos que algo esta pasando, tanto en el páramo como en la selva, pero nuestra sociedad se hunde en el individualismo sin sentir nada por lo ajeno. El día a día se diluye por el oro, ese oro que todos ansiamos mientras Santurban desaparece.

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