miércoles, 18 de marzo de 2015

ORO

Rocas, montañas y frailejones, acompañados por una laguna verde azul transparente. También por el hueco que muestra capa a capa los colores de la tierra, hueco que deja en evidencia los diez años de explotación minera. Me encuentro de nuevo ante el páramo de Santurban, ante el texto que no he podido dominar.
Quiero hablar de esos 2,5 millones de personas que quedaran sin agua si se sigue con la búsqueda del oro. Quiero hablar de las 1,200 toneladas de cianuro que se necesitan mensualmente para extraer la piedra preciosa. Del pez que quedara contaminado, da la niña que comerá aquel pescado, de la tierra colombiana que seguimos regalando. De las promesas que nos hacen y lo fácil que nos vendemos. De las concesiones. California y Vetas, pueblos santandereanos que esperan con ansias el brote minero. El oro deslumbra  en primeras instancias. El oro seduce con su continuo brillo provocando locuras irreparables.

Y mientras trato de captura las palabras, me pierdo en las redes sociales. Mujeres le robaron el pelo a una joven, moda, tendencias, feria de selfies. Después de Siria, Colombia tiene la mayor crisis humanitaria del mundo, y sigo bajando. Multa de hasta 60 millones de euros por autoabasteserce de energía solar. Y no puedo mas, mientras en mi cabeza siguen rondando mis alumnos fraudulentos que no son capaces de escribir un texto.


Y es así, esas verdades que todos sabemos, que las miramos por instantes, ponemos cara de preocupación y seguimos bajando para encontrar nuestra fotos con mas likes o preocuparnos por nuestros seguidores en Instagram. Nos hundimos en nuestro mundo narcisista, mientras Santurban desaparece.

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