miércoles, 18 de marzo de 2015

DESAPARICIONES

¿Qué le pasa al mundo? ¿Qué le pasa a Dios? Si existe, no lo veo.
Habra que contar los muertos, abra que cantar los llantos, aquellos llantos desesperados que aclaman justicia.
Si podemos elegir, si podemos escoger, muchos eligen la fuerza, fuerza salvaje que mueve al mundo. Buenos y malos se encuentran, se pelean, ganan y pierden, mientras otros caen.
No hay consejos, no hay reclamos simplemente preguntas.
¿Dónde están todos los cuerpos que algunos lloran? ¿Cómo saber si siguen respirando? ¿Cómo saber si siguen en este mismo plano? ¿Si parpadean o palpitan? 

¿Quién desaparece a quién? ¿Y por qué? ¿Por qué somos capaces de elegir por la vida de alguien más? Un alguien más que ya no respira.

Pasan los años mientras nos tapamos los ojos, decidimos no mirar, o mirar otros horizontes, mientras las cifras crecen. 21.000 para medicina legal, 26.000 para la fiscalía y 31.000 para la Unidad Nacional de Reparación de Víctimas. 31.000 personas reportadas por desaparición forzada, desaparición violenta: sepultados, arrojados, desmembrados o quemados, cuerpos sin reconocimiento ni lamento. 

¿Y los victimarios? Somos todos los que no los vemos. Y somos todos porque los desaparecidos no se ven, son cuerpos que no están. Y como no están es difícil contarlos, imaginar estadios llenos de ese sufrimiento, de ese dolor, imaginar festivales de música, imaginar momentos donde seamos uno de esos 31.000, de esas 31,000 personas desaparecidas.


Si pudiéramos sembrar un árbol por cada uno de estos cuerpos, necesitaríamos XXX hectáreas para verlos por un instante, para entender que fueron 31,000 cuerpos, 31.000 historias, 31,000 existencias. 31.000 vidas que sembradas encontraran su lugar, un espacio para hacer memoria, para llorar dolores y sembrar justicia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario