domingo, 22 de febrero de 2015

TEXTOS

Prueba uno
¿Cómo un hombre puede manejar todo el poder? ¿Cómo la avaricia todo se lo lleva? ¿Cómo duerme tranquilo cargando tantas muertes en su espalda? 
Tal vez no las carga, deja que se queden pudriendo en el camino. 
Tal vez tanto tiempo bajo tierra lo ha marcado. Nada importa, sólo el verde resplandor de las gemas. Nada importa, sólo ser el jefe supremo, la cabeza reina, dominar el territorio.
Por donde pasaba había una gema, decían sus compañeros. La suerte lo acompañaba para algunos, tanto que las múltiples muertes planeadas por sus enemigos nunca llegaron. Se aliaba con quien fuera para mantenerse en el poder.
La suerte lo acompaño a él, siendo respaldado por mas de cien hombre. Ni la justicia pudo tocarlo. ¿Pero cual justicia? Esa que profesan otros que están en el poder y al igual que nuestro protagonista no ven, no sienten, no les duelen tantas muertes. 
La suerte lo acompañaba. No para nosotros.
Al caer, la tierra lloró, mas por los seis mil muerto que dejó su guerra. Al caer, Fura y Tera ya no estaban en su tierra. Al caer, sus dos millones de reses quedaron desprotegidas, sin guardián, ni guía. 
Y la guerra verde tendrá otro líder, y las montañas de Boyacá seguirán siendo explotadas sin importar cuanto haya que pagar.


Prueba dos 
Dicen que un duende verde lo acompañaba, que hasta en su entierro sirvió de guía. El ojo izquierdo del duende fue la primera gema encontrada, esa por la cual casi lo roban y prefirió matar para proteja y la muerte ajena dejó de pesar en ese instante. Después vendrían miles, seis mil si se puede ser exactos, seis mil caídos en esta guerra. Pero nadie los llora en publico y él, ese personaje seguía acariciando su duende. 

Sólo cuenta sus esmeraldas y se preocupa por donde guardarlas, ya no hay mas lugares que las contengan. El duende a veces le habla, le da fuerza para seguir explorando bajo la tierra, le dice que no deben estar escondidas, que las gemas deben ver la luz y con esa luz él vera el cielo. Un cielo en vida donde más de cien hombres lo protegen. Un cielo en vida donde logró tener el 1 % del territorio nacional y mas de dos millones de reses. 

Desde pequeño, infancia campesina, era buen negociante, nunca imaginó llevar el nombre de zar.

El ojo derecho del duende era más verde que el resto, le indicaba el camino, ese camino con suerte que le mostraba las gemas, también le indicaba a que lado hacerse para evitar las balas, las granadas y los fusiles. El ojo derecho de su duende también le indicaba con quien negociar: políticos, paras, y hasta presidentes. También, negoció con la justicia que no tiene forma mientras el pueblo lloraba, llora y llorará la suerte del zar. 

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